EDITORIAL
Los retos de la nueva alcaldesa
El Ayuntamiento de Madrid ya tiene nueva alcaldesa. Tal y como apuntaban todas las apuestas, Ana Botella se ha erigido como la primera mujer en dirigir la capital madrileña tras la renuncia del ex regidor Alberto Ruiz-Gallardón. Tras algo más de ocho años al frente de la capital, Gallardón se ha convertido en el nuevo ministro de Justicia.
La herencia dejada por su antecesor es grande y difícil. El ex regidor ha remodelado la M-30, transformado Madrid Río y emprendido otros proyectos municipales a los que Botella deberá hacer frente. Y es que, aunque haya recibido críticas al no haber sido apoyada directamente en las urnas, la nueva alcaldesa no se achanta. Para empezar, ha recompuesto su Gobierno y se ha reunido con los agentes sociales y la oposición para no retrasar el trabajo.
Atrás quedan ya sus funciones como delegada de Familia y Servicios Sociales, así como de Medio Ambiente. Sus retos ahora son superiores. En esta legislatura está previsto que se ponga en marcha la redacción del nuevo Plan General de Ordenación Urbana de Madrid y ya se ha anunciado que no se retomará el plan para el eje Prado-Recoletos.
Ana Botella gobernará la capital durante la presente legislatura; las grandes instituciones de la región de Madrid estarán a cargo de dos mujeres. Botella y Aguirre llevarán, sin que les tiemble el pulso, las riendas del Ayuntamiento y de la Comunidad de Madrid en un periodo marcado por la crisis económica.
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CARTAS AL DIRECTOR
Los abuelos, en época de crisis
Cada día me encuentro con amigos llegados a la jubilación, con gran capacidad de participar en actividades sociales, que en momentos claves no se puede contar con ellos, aquel día y precisamente a aquella hora tienen nietos. Parece que la mitad de los abuelos cuida a sus nietos casi a diario. Y esta actividad no siempre es elegida, sino forzada por las necesidades laborales de los hijos.
La consecuencia indeseable es que los abuelos tienen que renunciar al tiempo libre que en muchos casos dedican a actividades cívico-sociales y, en no pocos casos, padecen el síndrome de la “abuela esclava”.
Es cierto que la familia es el principal colchón de millones de parados, pero la ayuda nada tiene que ver con el chantaje emocional y el sacrificio al que muchas veces se somente a los mayores. Muchos de mis amigos, que han sido buenos padres de familia y lo continúan siendo, muestran claros síntomas de padecer el síndrome.
Jesús Martínez Madrid
CARTAS AL DIRECTOR
Cabalgata de buena voluntad
Estuve el día 5 en la Cabalgata de mi barrio, organizada por los vecinos a falta de dinero por parte del Ayuntamiento para financiar el desfile tradicional, y acabé con una sensación un poco agridulce, y creo que mis hijos , que es peor, también.
Ellos se quejaron de que “los reyes” no tiraban caramelos –cogieron uno por cabeza, y eso con suerte, aunque yo intenté explicarles que eso no era lo importante, recurriendo a la ya manida crisis–, pero lo pasaron muy bien con la batucada que precedía a las carrozas, más que con la banda municipal de siempre.
Y yo aprecié el esfuerzo y la participación de los vecinos, que con tanta ilusión consiguieron sacar adelante una tradición tan esperada por los más pequeños, que son los auténticos protagonistas, aunque no me pareció muy adecuado que aprovecharan para lanzar reivindicaciones por la escuela pública o el 15- M: eso no debe mezclarse con la ilusión infantil.
Pero también me pareció fatal que el Ayuntamiento, como no ha organizado las cabalgatas de los barrios, porque parece ser que sólo hay dinero para el espectáculo carnavalero del Centro –sólo hay que ver qué cosas tan surrealistas componen el desfile, poco que ver con la Navidad– no quisiera saber nada de los vecinos. En la Cabalgata de mi barrio, la Policía Municipal brilló por su ausencia, sólo se encargaron de cortar las calles al paso de la comitiva pero luego desaparecieron, tras prohibir que acabara, como siempre, en la glorieta de Mar de Cristal. La verdad, merecieron carbón.
José Luis García
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